Archivo mensual: diciembre 2013

Nahal Darga

La entrada esta vez es más aventurera que arqueológica, una excursión que realicé el pasado día 22 por el Nahal Darga, en Cisjordania, con un par de profesores de mi máster quienes, como yo, pasan las navidades aquí en Jerusalén.

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Nahal Darga es una palabra hebrea que viene a decir algo así como “río escalón”. Es, al igual que un wadi, un valle inundable en periodo de lluvias, pero que, como hace algo de tiempo que no llueve, nos esperábamos encontrar seco. Por si acaso me eché un bañador a la mochila, sin embargo esto demostró no ser suficiente, ya que en mitad de trayecto tuvimos que volvernos: la próxima vez me llevaré una barca hinchable.

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El paisaje estaba plagado de caprichosas formas rocosas creadas por las inundaciones y las riadas, que han horadado el suelo y han traído nuevos sedimentos desde hace miles de años, creando poco a poco el paisaje que podéis ver en estas fotos.

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Iglesia del Santo Sepulcro

En este post os hablaré de la iglesia del Santo Sepulcro, aunque en los próximos números espero poder contaros más sobre las diferentes celebraciones que se llevan a cabo aquí, así como una pequeña historia de cada una de las confesiones.

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Celebración armenia en la capilla de Santa Helena

En el mundo, y sobre todo en la costa mediterránea, existen multitud de iglesias con una historia de santidad a sus espaldas, ya sea por albergar reliquias, porque un santo pasó por ahí, o porque se encuentra en un lugar mencionado en el Nuevo Testamento. Sin embargo esta iglesia está por encima de esas cosas: es la iglesia en la que según la tradición Jesús fue encarcelado, torturado y donde murió y resucitó. A pesar de esto, lo más fascinante del lugar no es solo su santidad, sino también la historia humana que posee, de la que esbozaré un pequeño resumen.

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Plano de la iglesia: en negro, basílica de Constantino; en azul, restauración de Constantino IX; en rojo, restauración de los cruzados

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Santa Helena, madre del emperador Constantino I el Grande. Pintura de Cima da Conegliano

En el siglo IV, durante el reinado del emperador romano Constantino el Grande, la madre del propio emperador, Santa Helena, peregrinó hasta Tierra Santa y encontró, de manera casi milagrosa, la cruz en la que Jesús fue crucificado. Sobre el emplazamiento (donde había anteriormente un templo dedicado a Venus), en el año 326, el emperador mando erigir una basílica. Tras una invasión de los persas, fue destruida en el año 614 y reconstruida en el 630 por el emperador bizantino Heraclio. Poco después, Palestina fue conquistada por los árabes, que toleraron el culto en el interior del edificio, aunque construyeron una mezquita junto a la iglesia (la actual mezquita de Omar). Por lo general, la actitud árabe fue de respeto hacia la santidad del edificio, a pesar de las múltiples conquistas que sufría la ciudad (entre turcos y egipcios); sin embargo la excepción fue la destrucción realizada en 1009 por el excéntrico califa egipcio Al-Hakim, que, según la tradición, se creía a sí mismo un enviado de Dios (de hecho, actualmente los drusos creen que no murió, sino que se fue y que volverá un día de estos). Este hecho conmocionó tanto a cristianos como a musulmanes, de tal manera que el hijo del anteriormente citado califa permitió la reconstrucción de parte de la iglesia por parte del emperador cristiano de Bizancio Constantino IX, aunque la reconstrucción final fue terminada por los cruzados poco tiempo después con su conquista de Jerusalén. A grandes rasgos esta es la iglesia que queda hoy en día en pie, una mezcla de arquitectura romana, bizantina, románica, gótica y estilos modernos según se iban reconstruyendo partes que se caían.

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Bóveda central

La iglesia por tanto, si estuviera vacía de adornos y de decoración, parecería un engendro de edificio, sin lógica alguna, y con todas las partes del mismo diferentes las unas de las otras, como si en una casa tuviéramos unas paredes con gotelé, otras alicatadas y otras con hormigón,  etc… Pero sin embargo estas piezas encajan y forman la mejor descripción gráfica que nadie puede hacer de la historia del Santo Sepulcro, la historia de muchas confesiones cristianas diferentes que luchan (muchas veces literalmente) por dejar su huella en este sagrado edificio.

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Monasterio etíope sobre el tejado del Santo Sepulcro

Actualmente, bajo el techo de la iglesia conviven la iglesia católica romana, la ortodoxa griega, la ortodoxa copta, la iglesia ortodoxa siria y la apostólica armenia; además en el tejado tiene su pequeño convento la iglesia ortodoxa etíope. La mayor parte del interior del edificio está en posesión de los ortodoxos griegos, sin embargo eso no es un impedimento para las demás, que se agarran a cualquier esquina o habitáculo para celebrar sus ritos. Aunque pueda parecer una manera caótica de organización, en realidad todas las delimitaciones de las responsabilidades de cada confesión están acordadas en un estricto statu quo, por el que se dispone qué parte corresponde a cada uno. Una silla mal puesta, un monje que está donde no debe estar durante una celebración o cualquier cosa que pudiera en nuestras casas significar la bronca de nuestros padres cuando éramos pequeños, aquí se puede convertir en multitudinarias peleas con heridos (http://www.youtube.com/watch?v=g18L13cmEWk). Saladino, consciente en su tiempo de las disputas que se producían en la iglesia, encargó la custodia de las llaves al clan musulmán de los Nusaybah, que a día de hoy siguen cerrando la iglesia por las noches.

 

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Entrada principal de la Iglesia del Santo Sepulcro

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Wadi Qelt y Jericó

¡Buenas a todos! Hoy os contaré un viaje que hice allá por el 3 de noviembre de este año con algunos compañeros de clase y un profesor a la localidad de Jericó (Cisjordania), por el Wadi Qelt, personalmente una de las mejores rutas de senderismo que he hecho en mi vida.

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Empezamos a andar cerca del asentamiento judío de Alon, desde donde descendimos al valle. Ahora es época de lluvias, pero cuando fuimos el único resquicio de agua que había era el que llevaba un canal; sin embargo esto era suficiente para que crecieran árboles y para el asentamiento de beduinos. Otrora un pueblo nómada, hoy viven generalmente en Israel y Pelestina en asentamientos permanentes (en mejores o peores condiciones), concretamente estos del Wadi se dedican al pastoreo de cabras (o algunos incluso al escaso turismo de la zona) y actualmente habitan en casas de pladur o en alguna de las abundantes cuevas del valle.

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Pero no son los únicos habitantes del Wadi Qelt, pues allí también habitan, desde hace más de mil años, los monjes ortodoxos griegos del monasterio de San Jorge de Koziba, donde cuenta la tradición que los cuervos dieron de comer al profeta Elías. Este es un sitio no muy grande para ser un monasterio, incrustado en la pared de la montaña, un lugar casi de ensueño tras andar unas dos horas junto al desierto, y más cuando nos encontramos al entrar con una tetera preparada para los visitantes y una fuente con agua. Sin embargo lo más sorprendente estaba por llegar: en un descuido, nuestro profesor de griego se sentó junto a uno de los monjes del monasterio y comenzó a hablar con él en griego antiguo. Fue emocionante ver cómo aquel le entendía y respondía en el mismo estrato de lengua (no en griego moderno), afirmando también que nuestro profesor “habla una lengua pura”. Para que luego digan que el griego es una lengua muerta…

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Tras visitar algunos lugares del monasterio considerados como santos (como la gruta donde se dice que Elías se alojó), partimos de allí para proseguir nuestro camino. El paisaje a partir de aquí era ya diferente: no había más árboles y el terreno era aún más escarpado. Esto último favorece la construcción de cuevas que no solo usan los beduinos, también son habitadas de vez en cuando por los monjes para llevar a cabo su retiro en soledad cuando ellos lo creen conveniente; aun así, pocos rastros de vida humana se encuentran por los alrededores. A pesar de todo, conseguimos divisar a lo lejos la mancha verde que rodea a Jericó y que tanto contrasta con el paisaje que hemos dejado atrás.

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Jericó es una de las poblaciones más antiguas de la humanidad (con más de 10.000 años de antigüedad) y que ha sido prácticamente siempre habitada. El verdor y frondosidad ha hecho que Jericó sea conocido desde hace siglos como un lugar de veraneo, lo que explica por ejemplo el palacio que el rey Herodes el Grande se construyó a las afueras para su divertimento. Esto es por tanto lo primero que nos encontramos al salir del Wadi Qelt, aunque dista mucho hoy en día de su antiguo esplendor y actualmente ha caído en el abandono.

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Tras cruzar unos muros de un antiguo puesto de seguridad (sin necesidad de dar varias vueltas a su alrededor tocando trompetas), entramos en la moderna Jericó. Esta es una ciudad recuerdan a los pueblos de costa españoles: casas bajas, aceras anchas, vida en las calles… Pero el turismo religioso tiene su presencia también aquí: por una parte no dista mucho de donde se dice que Jesús fue bautizado (en el río Jordán, a pocos kilómetros), y por otra se conserva un sicomoro en el que cuenta la tradición que Zaqueo se subió para poder ver a Jesús cuando pasaba por ahí con sus discípulos. De dicho árbol solo se conserva actualmente el tronco, pero muchos sicomoros de la zona presumen de ser los descendientes de este árbol milenario.

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Finalmente, tras esta aventura, cogimos dos furgonetas para volver a Jerusalén con la ilusión de haber aprovechado bien el domingo.

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Hanukkah

Estos días en Israel, y en el mundo judío en general, hemos vivido la fiesta de Hanukkah, así que como es la primera fiesta no cristiana que vivo lejos de casa, voy a explicaros un poco sus orígenes y su desarrollo.

   El historiador judío Flavio Josefo (37-101 d.C.) cuenta que su origen estuvo en el siglo II a.C. con la revuelta de los Macabeos. En esta época, los griegos seléucidas, bajo el mando de Antíoco IV Epifanes, gobernaban Mesopotamia, Siria y Judea. Sin embargo, tras emprender una expedición militar victoriosa contra Egipto, por causas aún poco claras (hay que tener en cuenta que los testimonios que se conservan son judíos y no se pueden contrastar con otros), decide saquear Jerusalén y su Templo. Sin embargo no se conforma con profanar el Templo, también prohíbe la Torah, la circuncisión y varias costumbres judías. Impone además a este pueblo diversas prácticas cultuales, como los sacrificios en honor al rey, una moda que empezó a instaurarse en esta época, incluso puede que el epíteto del rey, Epifanes o Theos Epifanes (el “Revelado” o “dios Revelado”, que a diferencia de otros adjetivos que eran puestos a los reyes tras su muerte, este era usado por el rey en vida) esté relacionado con este culto a su persona. Según los libros de los Macabeos, esto último es la gota que colma el vaso.

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   Parece ser pues, según el primer libro de los Macabeos, que un sacerdote llamado Matatías empezó la rebelión al negarse a sacrificar por el rey. A su muerte, la rebelión fue continuada por su hijo Judas Macabeo y por el resto de su familia hasta conseguir la independencia de los griegos. Sin embargo, el acontecimiento central de los hechos es la purificación del Templo de Jerusalén en el año 165 a.C. por parte de Judas, que según los autores de estos libros había sido usado para adorar a otros dioses, como Zeus Olímpico. Esta purificación y celebración cuentan que duró ocho días.

   A pesar de lo sangrienta que puede resultar la historia, contrasta bastante con la celebración hoy en día de esta fiesta. Es la llamada “fiesta de las luces”, algo que puede recordar a un occidental a la navidad: luces por las calles, velas, celebraciones, pasteles típicos de la fiesta y buen ambiente en general. La fiesta dura ocho días, pero lo que más llama la atención, al menos a un servidor, es que ¡casi todos los días son laborables! esperemos que no tomen ejemplo de esto en España…

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   Uno de los actos más característicos es el encendido de velas cada noche. Se hace en una hanukkiá, que es como una menorah pero con nueve brazos, uno para cada vela del día y otro extra desde el que se enciende las demás velas. Durante el encendido hay que recitar una serie de himnos en hebreo para bendecir las velas y desde ese momento no se puede mover más la hanukkiá. Debido a que la intención es comunicar a los demás el milagro de la festividad, la hanukkiá se suele poner cerca de una ventana o de alguna manera que mire al exterior, por lo que resulta bastante agradable pasear por la ciudad y verla llena de luces.

 Así que, y aunque con un poco de retraso, ¡feliz Hanukkah a todos!

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Sobre mí

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Mi nombre es Jaime Gutiérrez y nací en Madrid allá por el 11 de marzo de 1988. Estudié filología clásica en la Universidad Autónoma de Madrid y al final esto se ha convertido en mi pasión: no me imagino la vida sin leer un texto en griego antiguo y sin estudiar esta bella lengua. Ahora, en una búsqueda por mejorar académica y personalmente, estoy realizando un máster de dos años en filologías antiguas en Jerusalén y que empecé el pasado mes de octubre.
Este amor por el griego antiguo (y por las culturas antiguas en general) me ha llevado a viajar por varios países, como Italia, Grecia, Egipto, Gibraltar, Francia, Suiza y ahora Israel, así que ahora me he propuesto compartir mis experiencias y animar a la gente no solo a que viaje, sino que aprenda a comprender lo diferente.

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Jerusalén

Aunque iré colgando distintos viajes, quiero ahora que descubráis conmigo la ciudad que actualmente me acoge: Jerusalén.

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Desde hace siglos es considerada como el centro del mundo, título más que merecido. Es una ciudad sagrada para la mayor parte del planeta por un motivo o por otro, lo que hace que sea el lugar más importante para el turismo (sobre todo el turismo religioso). Esto implica que las personas que viven en ella sean sobre todo extranjeras (parecido a lo que es Mallorca para los jubilados alemanes) que vienen a disfrutar de la santidad del lugar. Sin embargo esta situación provoca una reacción en cadena: llegan turistas y peregrinos (muchos de ellos por un tiempo prolongado), esto hace que suban los precios de la vivienda (algo que ocurre en todo el país pero que aquí cobra más importancia), lo que hace que se construyan más viviendas, pero que como no hay espacio (porque Jerusalén no está situado precisamente en una llanura), acaban construyendo en el lado palestino en un intento de que bajen los precios, y ahí ya tenemos el problema.

Bueno, eso en cuanto a la población. Pero algo también importante es la geografía de la ciudad y sus alrededores. ¿Qué es lo que hace que esta ciudad haya sido tan especial durante casi toda su historia? ¿Acaso es su clima o sus llanuras? Pues no, y la verdad es que es una pregunta que se hace mucho el mismo que escribe estas líneas. Jerusalén está en una cordillera que la sitúa a unos 800 metros sobre el nivel del mar, con un suelo rocoso que no absorbe el agua (no apto por tanto para el cultivo), y con dos pequeños torrentes que portan al año la misma cantidad de agua que el río Mississippi en diez segundos. Además, desde el punto de vista económico, Jerusalén estuvo durante su historia apartada de la principal ruta comercial de la región, la Via Maris. Entonces, ¿qué llevó a David a conquistar la ciudad y a comenzar el poblamiento judío de la misma? Posiblemente, cuando el rey David la hizo su capital, no se imagino el tamaño que adquiriría siglos después.

SONY DSC   Sin embargo, sería su sucesor el que hizo la obra por la que fue tan conocida la ciudad: el gran Templo de Jerusalén. Este recuerdo (porque aparte de las escasas ruinas del mismo solo queda su recuerdo) es lo que coloca a Jerusalén en un plano más allá del material, en una unión de lo divino con los humano: según las distintas tradiciones, la ciudad posee una ciudad gemela en el plano celeste construida por Dios y que descenderá en el fin de los tiempos con un nuevo Templo; ocurra lo que ocurra, el cementerio judío más caro del mundo está orientado al templo, para que en el día del Juicio Final sean los primeros en ver este acontecimiento. Y no son los únicos, la llegada del mesías para los judíos está también relacionada con la reconstrucción del Templo (de hecho ya tienen una menoráh gigante de oro lista para ponerla en el Templo cuando esto ocurra, en la foto inferior), un hecho que es el acontecimiento central en el que esta religión basa su credo: no importa lo que sufran o los sitios de donde les expulsen, al final llegará el mesías, salvará al pueblo de Dios y se volverá a erigir el Templo.

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Por tanto, esto es una pequeña parte de lo que hay en esta ciudad: un polvorín que mezcla religión con historia y con política y que recibe con una mezcla de apatía y desencanto al viajero de diferentes costumbres y hábitos, pero con esa gracia de todos los lugares hostiles que, como el higo chumbo, por dentro están llenos de sorpresas: solo hay que quitar las espinas…

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¿Qué es un viajero?

La verdad es que la pregunta puede parecer un poco absurda, pero al ser mi primera entrada del blog tenía que empezar como empiezan los libros: con las definiciones de las cosas más obvias.

Un viajero es toda aquella persona que sale de casa. Mi madre, por ejemplo, aunque no sea consciente, cuando salía a hacer la compra, vivía aventuras que me narraba con todo tipo de detalles en casa (quién se ha encontrado por la calle, cómo están los precios por el barrio, etc…). Aunque la distancia y la duración del viaje puede variar, lo importante es salir de casa en busca de nuevas experiencias.

En esa búsqueda existen principalmente dos tipos de viajeros. El primero es el que se lleva su propia casa a cuestas, aquel que busca transformar el entorno foráneo en lo que fue la casa que abandonó, con las costumbres que dejó atrás. Este es un viajero muy agresivo, que se apresura a usar adjetivos como “sucio, desordenado, asqueroso…” con todo aquello que es diferente. Disfruta poco de las gentes y se conforma con estar en los principales monumentos o lugares sin tener en cuenta a aquellos que los construyeron.

El otro tipo de viajero es mi preferido, aquel que es todo lo contrario. Es el “viajero-esponja”, aquel que intenta absorber todo lo que se encuentra, comprenderlo y sobre todo disfrutarlo. No le preocupa lo diferente, él es diferente: sin complejos, amante del cambio. Es esa persona que valora cada porción de conocimiento nuevo que acaba haciendo de él alguien en constante transformación.

A pesar de las diferencias entre ambos, los dos tienen algo en común: la añoranza de su hogar y de todos los familiares y amigos que dejó atrás y que espera en algún momento volver a ver.

Ay, como añoro el jamón serrano…

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Y tú, ¿qué viajero eres?

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