Archivo mensual: marzo 2014

Mar de Tiberíades: Gamla y Susita

 

Esta vez ha sido la ocasión en la que nos hemos acercado con las excursiones del máster al mar de Tiberíades (o también llamado mar de Galilea), adentrándonos en los Altos del Golán, un territorio que se adjudican a la vez tanto Israel como Siria, pero que de facto pertenece al primero. Esta es una región montañosa y en la que hay una mayor pluviosidad que en el resto del país, lo que hace de esta tierra un lugar fértil y muy apto para el cultivo y, a pesar de que las lluvias este año han brillado por su ausencia, el verde es actualmente el color dominante en la zona.

 

Gamla

La primera parada fue en la reserva natural de Gamla en donde se encuentran los restos de esta antigua ciudad.

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Vista de Gamla. Desde lejos parece que la montaña tiene forma de joroba de camello. La ciudad estaba situada en la ladera izquierda.

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Reconstrucción de una de las máquinas de guerra que los romanos usaron para conquistar la ciudad

 

Fue fundada por los griegos allá por el s III a.C. en el curso de la guerra con los judíos y anexionada por estos últimos en el s. I a.C. Durante la gran revuelta judía contra Roma, la ciudad se rebeló contra el gobierno romano y, a pesar de encontrarse en un lugar fácilmente defendible, cayó en manos del que sería el futuro emperador Vespasiano (aunque no sin dificultad), manteniendo ambos bandos una encarnizada lucha por cada centímetro cuadrado de la población. Tras la conquista parece que fue abandonada, permaneciendo oculta hasta su redescubrimiento en 1889.

Debido a que se encuentra en una zona volcánica (al igual que ocurre con Susita), sus construcciones están hechas de piedra basáltica, la cual da un espectacular color negro a todas las estructuras (las que quedan). El nombre de la ciudad proviene de la palabra “camello” en hebreo/arameo y puede tener relación con la forma de joroba de camello que tiene la montaña en la que se asentaba.

 

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Desde Gamla, al fondo, se podía intuir el mar de Tiberíades

 

Poco queda de la antigua población. Aún se pueden ver las brechas que los romanos hicieron en las murallas con sus máquinas de asedio, así como también una de las sinagogas más antiguas del mundo, construida entre el siglo I a.C. y I d.C. y que parece ser que sirvió de refugio a los asediados durante la guerra contra Roma.

 

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Esta es una de las sinagogas más antiguas que se conservan y que sirvió de refugio durante el asedio romano

 

Sin embargo, un par de kilómetros más arriba, el lugar volvió a ser poblado. Esta vez los restos que se conservan son bizantinos, quienes usaron el mismo material de construcción y dejaron, entre otras cosas, una gran iglesia y varios edificios adyacentes.

 

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Una de las entradas a la iglesia bizantina

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Nave principal de la iglesia bizantina, con dos grandes arcos a los lados. El altar estaría más o menos desde donde está hecha la foto.

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“Que el dios de san Gregorio te salve / y tenga piedad de los que tienen fe / en él, amén”

 

Actualmente, Gamla es también una reserva natural en la que viven diversas especies de buitres, los cuales estuvieron acompañando nuestra visita, presumiendo ante nosotros de su gran tamaño (o quizás olieron a muerto…).

 

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Algunos de los buitres de la reserva natural de Gamla

 

Susita

También fundada por colonos griegos y también con nombre de animal (Ἀντιοχεία τοῦ Ἵππου en griego, y en arameo /susita/, aunque el por qué de este nombre no está tan claro) y situada junto al mar de Tiberíades, encima de una escarpada colina.

 

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El mar de Tiberíades al fondo y en el centro la colina en la que están situados los restos de Susita

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Vista de uno de los accesos de Susita

 

SONY DSC A diferencia de Gamla, Susita no participó en el lado judío en la gran revuelta (quizás aún la ciudad era de mayoría griega y poco amiga de las costumbres judías), por lo que, al no pertenecer al bando perdedor, consiguió disfrutar de una buena situación económica, sobre todo a partir del s. II d.C. Más tarde, con la cristianización de la zona en el s. IV, empezaron a llegar peregrinos a toda Palestina que se asentaron también en esta región, lo que trajo la construcción de iglesias (cuyos restos permanecen aún visibles) e incluso el nombramiento de un obispo. La ciudad fue finalmente abandonada tras un terremoto en el s. VIII, un diglo después de la llegada de los omeyas.

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Cardo de Susita

 

El esplendor de la ciudad es patente a simple vista: los imponentes restos de las iglesias, una de ellas con descomunales columnas de granito rojo y mármol, combinan con sus anchas avenidas de negra piedra basáltica y su amplia plaza pública, todo ello en un espacio bastante estrecho encima de la colina. Además, gracias a estar en un lugar apartado con escasos turistas (ya que aún está siendo excavado y en teoría no está preparado para las visitas), muestra un rostro salvaje casi virginal y esa tranquilidad que solo se puede sentir cuando no hay turistas rusos cerca.

 

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Catedral de Susita, llamada así por su inmenso tamaño y la calidad de sus columnas

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Restos del teatro de la ciudad

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Algunos de los mosaicos que quedan poseen un gran colorido. En este incluso hay una cruz, símbolo que poco después se prohibiría representar en el suelo (para no pisarlo).

 

Finalmente abandonamos este paisaje idílico junto al mar de Tiberíades (y rodeado por un campo de minas) fatigados por el largo viaje, pero con la sensación de estar en un primaveral campo español. Ay mi España…

 

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Típica vaca que te pide que le hagas una foto…

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A pesar de los muchos carteles como este que nos encontramos, no llegamos a ver ningún minero.

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Después de ver esta imagen quién diría que este año ha llovido poco…

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