Archivo mensual: julio 2014

Pascua samaritana

Después de tanto tiempo con esto abandonado y aprovechando que estoy ahora de vacaciones en Madrid con mucho tiempo libre (lo que tiene estar en paro), os voy a hablar de una excursión que hice el día de Domingo de Ramos, cuando medio Jerusalén (casi todo extranjeros evidentemente) estaba en la procesión. Dicha excursión la hicimos en coche saliendo al mediodía desde Jerusalén hacia el pueblo de Kiryat Luza, junto a Nablús y sobre el monte Gerizim, uno de los últimos pueblos samaritanos, para presenciar el sacrificio del cordero que da inicio al pesaj.

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Samaritano en traje típico y con un gorro fez

Los samaritanos han sido vistos con recelo desde sus orígenes por el resto de los judíos. Esto se ve con claridad en 2R 17, 24-41 donde se habla del origen de este pueblo. Cuenta el autor de este libro que, durante la invasión de los asirios al reino de Israel, una serie de movimientos migratorios cambiaron las costumbres de la población del lugar, de tal manera que “aquellas gentes dieron al mismo tiempo culto al Señor y a sus ídolos. Y sus descendientes siguen haciendo hasta el día de hoy lo mismo que ellos”. Desde entonces, ambas comunidades se enfrentaron entre sí durante siglos, a pesar de que en ocasiones se asentaron en las mismas ciudades (como en Cesarea Maritima)[1]. Con la llegada del cristianismo a la región (ss. IV-VI), la intransigencia muchas veces de los gobernadores cristianos hizo que se provocaran revueltas y éxodos de población. Aún así, tras siglos de dominio árabe, siguió habiendo una comunidad samaritana (de un número bastante reducido) en la parte occidental de Nablús, que fue realojada en Kiryat Luza (en el propio monte Gerizim) a raíz de las tensiones ocasionadas en la zona por la primera intifada. El número de samaritanos hoy en día es de menos de mil, debido a que hasta hace pocos años, para ser samaritano había que nacer como tal de padre y madre samaritanos, estando prohibidos los matrimonios mixtos y las conversiones (a diferencia del resto de los judíos), como se detalla en el siguiente artículo de El País .

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Reunión de ancianos tras el sacrificio

El lugar más importante para un samaritano es el monte Gerizim, situado sobre Nablús, que es para ellos lo que para el resto de los judíos es el monte Moria de Jerusalén (donde se construyó el Templo de Salomón). En este monte, afirman, se creó el mundo, así como también dicen que fue el lugar en el que Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac e incluso que fue el monte elegido por Dios para construir su templo. Otro rasgo que los diferencia del resto de judíos son los libros sagrados, pues del Tanaj, ellos solo reconocen la Torah (o Pentateuco) y algunos libros de las Crónicas, rechazando por tanto los libros de los Profetas, Reyes y otros tan importantes en la tradición judaica.

moneda con Monte Gerizim

Moneda del emperador Macrino (217-218 d.C.) con el Monte Gerizim. Fuente: http://www.coinsweekly.com/en/Archive/8?&id=164&type=a

Otra gran diferencia es que hoy en día, en el judaísmo, el sacrificio del cordero en pesaj no se practica como tal debido a la destrucción del Templo de Jerusalén (donde se efectuaba). Esto no ocurre entre los samaritanos, pues ellos, al considerar ellos como el lugar más sagrado el monte Gerizim, no tienen motivos para dejar de efectuar dicho sacrificio.

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Sumo sacerdote

Llegamos a Kiryat Luza a unas tres horas de que cayera el sol, a un lugar con gradas reservado a la gente para ver el sacrificio. Este se realizó en un recinto cerrado al que solo pueden acceder los samaritanos, vestidos por completo de blanco y con un fez los más mayores en la cabeza; algunos de ellos se acercaban a la verja de separación para discutir con otros judíos que se acercaron al lugar sobre asuntos de religión. Los jóvenes samaritanos reunieron a los corderos a lo largo de una zanja (usada para que caiga en ella la sangre de los animales), mientras los ancianos dirigían en otra parte las oraciones, de cara a la cumbre del monte. En un momento dado, a la caída del sol, el sumo sacerdote subió al estrado y empezó a leer unos versos de la Torah, rodeado de los cánticos ceremoniales de los suyos. En ese instante, cuando dijo las palabras “y toda la asamblea de los hijos de Israel matarán sus corderos por la tarde” (Ex 12,6), algunos jóvenes especializados en este tipo de trabajos, los shohatim, cortaron la vena yugular del cordero, que muere desangrado. Todos los presentes, empezando por el sumo sacerdote hasta los niños, mojaban su frente con la sangre de los animales muertos. Tras esto comenzó la preparación del cordero, el cual fue empalado y despojado de sus partes internas (excepto hígado y corazón), partes que son quemadas en una hoguera situada en un sitio separado y, mientras, en otro lugar, los ancianos cantaban himno tras himno, llenando la atmósfera de un increíble misticismo en el que sus protagonistas parecen estar en éxtasis. Debido a que esto dura unas cuatro horas y tuvimos que volvernos, no pude verlo acabar, pero sí os puedo decir que a eso de media noche es cuando comen el cordero, después de lo cual echan los restos al fuego.

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Lugar donde se celebra el sacrificio. La zanja del centro sirve para canalizar la sangre. Los cuerpos de los corderos se cuelgan de unos ganchos en las barras azules antes de ser empalados.

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Momento en el que degüellan a los corderos.

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Preparación de los animales para ser asados.

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Parrilla en la que se queman las partes descartadas de los corderos

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Hoguera usada para asar la carne.

A pesar de lo sangriento de la ceremonia, la muerte de los corderos casi pasa desapercibida en un mar de personas vestidas de blanco, pero lo que me gustaría destacar es que hay que ser consciente de que esta ceremonia (basada en su mayor parte en los escritos del libro del Éxodo) ha sido celebrada casi ininterrumpidamente durante miles de años sin apenas cambios, por un pueblo que se niega a perder sus costumbres.

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Los cantos y el ambiente festivo reinan en el pueblo tras el sacrificio.

 

 

[1] A mediados del siglo XX, el Gran Rabino de Jerusalén, Abraham Hayyim, declaró que los samaritanos son “una rama del árbol de Judá” y que admiten la verdad de la Ley.

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