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Cementerio griego-ortodoxo de Jerusalén

 

 

Un buen día, paseando con un amigo por el monte Sión en Jerusalén, nos encontramos abierto el cementerio ortodoxo. La visita me marcó tanto que decidí ir más a menudo, esta vez equipado con la cámara de fotos.

 

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También hay vida en la casa de la muerte

 

En este cementerio están enterrados cristianos de rito ortodoxo, por lo que se pueden ver lápidas en árabe, griego, ruso, rumano, etc… Pero de manera diferenciada, en un cercado un poco aparte, se encuentra el clero griego, como si incluso después de la muerte quisieran dejar claro su papel exclusivo en la comunidad.

 

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Monja griega visitando la tumba de una correligionaria fallecida en el 2014

 

Lo que más me llamo la atención de las tumbas griegas (no todas de cargos eclesiásticos) es, sobre todo en las más antiguas, su afán por dejar constancia de sus hechos en vida, quizás, como cualquier ser humano querría, para evitar ser olvidados. Por eso os traigo aquí unas pocas traducidas al español, escritas en una lengua griega muy arcaica (incluso imitando en ocasiones alfabetos arcaicos) y que poco tiene que ver con el idioma hablado hoy en día en Grecia.

 

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Restos de una cruz perteneciente a la tumba de una monja

 

  1. La primera lápida es una de las más bonitas, tanto por sus caracteres (sus letras redondas y minúsculas parecen estar escritas por una pluma más que por un cincel) como por su vocabulario. Vamos, que así da gusto morirse.

La lápida sobre la cual tu curiosa mirada cae,

oculta, huésped, el cadáver del anciano originario de Chipre,

el reverendo Patriarca Petras, hijo de Melecio.

Imitador de Cristo, misericordioso, simple y gentil;

quien, tras haber servido sesenta años fielmente

a la Madre de las Iglesias, fue llorado a su muerte

como a un hijo por el clero y el pueblo, a una sola voz, en diferentes lenguas,

por los locales, por los extranjeros y principalmente por los rusos.

Y decoró la tumba la generosidad de un varón

con la congregación del Santo Sepulcro a la que pertenecía

como sacerdote de Tiberíades. Honrando el Pastor Nectario,

el insigne recuerdo del divino ante el Padre.

Descansó en el Señor en el año de la Salvación

1867 del 26 de diciembre.

 

  1. La particularidad de esta segunda lápida, dedicada a un arquitecto, radica sobre todo en la manera de componer gráficamente la lápida. En ella se usa un alfabeto griego que intenta imitar al griego arcaico, sobre todo la sigma (Σ) y que podemos ver también en la Tumba del Soldado Desconocido frente al Parlamento de Atenas. También se conservan (a propósito o no) los trazados que conservan la rectitud de las líneas.

Aquí yace el capaz arquitecto, de profunda vejez, de la comunidad,

quien, habiendo santificado a Dios siendo él mismo todavía un siervo

de Teódoco, llevaba hacia la luz a la augusta tumba,

y por ello, cuando murió Simeón, fue llamado. Y tras haberse consumido,

a su protector Abramio, en señal de consideración,

le colocaron sus familiares esta lápida.

Nació en Madito en el año 1806

y falleció el 15 de septiembre de 1898.

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Cruz sobre la inscripción

 

  1. Esta me ha costado especialmente traducir, sobre todo las últimas dos líneas. De hecho ni siquiera está claro a quién pertenecía (hay una última línea que es casi imposible incluso de transcribir). Aun así la lápida en sí y el texto son bastante bellos.

Detén el camino, espectador, ante esta tumba,

la que esconde en ella el cuerpo del reverenciado

y piadoso varón y realmente amigo de sus correligionarios,

y habiendo servido desde joven al trono del amado de Dios,

Cirilo, criado por las Musas, pastor augusto

y apreciado entre sus hermanos por su virtud.

Y como glorioso vástago de Bigas tomaba asiento el sumo sacrificador

eternamente en los cielos, un registro como ciudadano.

(…)

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El mármol está bastante deteriorado, de hecho el color blanco de en medio es el color original…

 

  1. En esta lápida vemos a un dragomán (ya solo el nombre impone), un intérprete de época turca con grandes privilegios dentro de la administración y conocedores de varias lenguas (posiblemente de ahí que se haga tanta referencia a la inteligencia en su lápida). Este colectivo llegó a estar constituido por auténticas dinastías familiares, sobre todo griegas, y a pesar de que este grupo étnico decayó en importancia a raíz de la independencia de Grecia en 1821, podemos observar con este ejemplo que la presencia griega entre los dragomanes no desaparece durante la presencia turca en Oriente Medio.

Contemplando esta tumba, huésped, recuerda a Ananías

Alexandridou, monje de la cámara del intelecto.

Poseyendo el suministro de la fuerza, la inteligencia,

consiguió el cargo de dragomán (traductor), destacando en él,

y ejerció honorables servicios más allá del mismo

en los que siempre brilló la luz del entendimiento.

El fervor ordenó su día a día

y en paz cayó su cuerpo terrestre,

pero su alma se glorifica rampante en los cielos.

Por ello, ante el Creador, vuelve henchida.

Nacido en Prusa

en 1838,

descansó junto al Señor

el 11

de marzo de

1911

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Tumba de Ananías.

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Detalle de parte de la inscripción.

 

  1. En este caso, Ana, originaria de Creta (“la isla heroica”), parece que no murió en Jerusalén, sino en un barco, y que sus compañeros de travesía la trajeron a este lugar (eso sí que es compañerismo), mientras que su hijo, al que parece que no veía desde hace tiempo, se encargó de la lápida. Lo curioso de esta lápida, aparte de su vocabulario, es también su alfabeto, que imita el alfabeto griego arcaico (y cuando digo arcaico me refiero a hace más de veinte siglos), sobre todo se aprecia en las letras pi (Π), sigma (Σ) y theta (Θ), mientras que otras son más modernas, como la ligatura entre ómicron (Ο) e ípsilon (Υ), o la forma de la omega (Ω). También contiene una imagen grabada (¿el alma de la difunta?) con la inscripción “Eurípides lo hizo”, como antiguamente se hacía también en la cerámica griega.

Abandonó la isla heroica (Creta)

la que es saludada junto a esta tumba, echado en falta

Ana al hijo de Jesús, a Joaquín,

hasta su grisácea vejez.

Los píos compañeros de viaje enterraron a la difunta

cuando surcaba los mares en una nave, como extranjera en tierra extranjera.

Y el hijo, en agradecimiento a su memoria,

levantó esta lacrimosa sepultura.

Eurípides

lo hizo

Saliendo de Creta,

falleció septuagenaria en el año 1883

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Actualmente de la tumba solo se conserva la lápida

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El alfabeto es una imitación del griego arcaico con rasgos modernos.

 

  1. El cementerio tampoco es la panacea en cuanto a limpieza, para que nos vamos a engañar, sobre todo porque tiene varios pinos, así que si no se limpia de vez en cuando todo queda lleno de las agujas de este árbol (y esta tumba además tiene botellas de plástico que me imagino que no fueron usadas por los difuntos). Lo particular de estas dos tumbas gemelas es que pertenecen a dos hermanas hijas de Demetrio Cantopoulou (según las lápidas se trataría de una familia noble de Rodas), fallecidas ambas muy jóvenes por enfermedad. Siempre es triste ver tumbas infantiles, y en este caso también lo es ver su abandono. Como si no hubieran tenido suficiente que padecer en vida…
María, joven hija de doce años de Demetrio

Cantopoulou, vigorosa descendencia de Rodas.

Criatura hija de las Gracias, orgullo del hogar patrio.

Aquí fue enterrada, ¡ay de mí!, tras haber caído víctima de una salvaje enfermedad.

Y sus desconsolados padres, como recuerdo de su afección y anhelo,

construyeron esta sepultura para su querida difunta.

 

Nació el 20 de noviembre de 1883.

Falleció el 30 de julio de 1895.

Evangelia, querida hija doncella de Demetrio

Cantopoulou, noble linaje de Rodas,

de catorce años, gran orgullo de la casa.

Aquí yace, ¡ay de mí!, tras haber caído víctima de una salvaje enfermedad.

Y los afligidos hermanos, como recuerdo de pena y lamentos ante su hermana, levantaron esta sepultura.

 

Nació el 24 de marzo de 1891.

Falleció el 9 de abril de 1905.

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Para que os hagáis una idea, la parte marrón de la tumba de la izquierda era una alfombra de restos de pinos que tuve que limpiar para poder leer la inscripción.

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Detalle de uno de los ángeles grabados sobre la lápida.

 

  1. Esto ya era el colmo. Cuando pase junto a este pilar, me imaginé que habría algo en el suelo, debajo de una espesa alfombra de agujas de pino y maleza. No me equivoqué y tras media hora limpiando la tumba y pinchándome con ortigas (hubiera matado por una escoba), apareció esta bella lápida, que viendo los halagos que en ella se vierten al difunto, debió de ser compuesta por alguien que le echó mucho de menos.

Esta frugal lápida oculta a al retoño de

Cefalonia, Jorge, conocido como Serdes.

Fue un buen hombre e ingenioso, recto en sus costumbres,

buen conocedor del noble arte de los fármacos.

Y habiéndolo ejercitado en Palestina durante largo tiempo,

sucumbió tras caer víctima durante años de una terrible enfermedad.

Nació el 23 de agosto de 1828.

Murió el 22 de febrero de 1892.

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Lápida y pilar. Este último tiene grabado una gamma (de Γιόργιος o Jorge) y por detrás una sigma (de Σέρδης, Serdes).

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Detalle de la lápida. La espesa maleza que recubría la lápida no dejaba ninguna pista de lo que podía haber debajo, hasta que empezaron a aparecer las primeras letras…

 

  1. Esta última lápida parece estar reutilizada a pesar de la importancia de quien en ella está enterrado. De hecho, por la manera de encajar las letras en la lápida (fuera del espacio limitado para ello), ésta no debió de ser hecha para él. En efecto, fue hecha para el metropolita (alto cargo eclesiástico ortodoxo) Germano Bourlalides, fallecido en 1912, del que se habla debajo de la inscripción y que por su sencillez he preferido no traducir (de hecho hay también enterrado un tercero que parece ser también arzobispo y que murió en 1932). En resumen, un arzobispo enterrado en la tumba de alguien de rango inferior pero con una lápida bonita, por lo que decidió que compartir es vivir (lo siento, chiste malo).

Aquí yace el arzobispo de Sebastia,

Dositeo. La huesuda muerte golpeó prematuramente

en lo más profundo del corazón al Patriarcado de Jerusalén.

Por esto, fue sentida su pérdida como algo real e

irreparable, la de aquel que es digno de ser cantado.

Nació en Jerusalén en 1879.

Falleció en mayo de 1928.

(…)

 

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Detalle de la lápida. El texto de Dositeo es el que está en la parte superior. De hecho se puede ver como se sale de los márgenes e incluso se empezó en una parte que no era adecuada para meter un texto de tal magnitud. Por no hacer una tumba nueva….

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Detalle de la parte superior de la lápida. En el se ven la corona de espinas de Cristo, la cruz y el bastón con las dos serpientes, símbolo este último de los altos cargos eclesiásticos ortodoxos.

 

 

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